Instrumentos Antiguos

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2 junio 2015
 junio 2, 2015
Categoria Curiosidades

Cuerdas de tripa

Fabricación tradicional

Las cuerdas de tripa sirven para encordar diversos instrumentos de música a los que dan un color muy diferente a los de las cuerdas industriales modernas. Se fabrican con las tripas de carnero, de cordero o de gato.

En América del Sur se fabrican por artífices de gran renombre con el intestino de llamas, de corderos y de una variedad de perro asilvestrado, entre coyote y lobo. Ya en el tradicional Romance de la loba parda , de pura cepa rústica, el pastor condena al lobo capturado, entre otros cosas, a que se utilicen sus tripas “para vihuelas / para que bailen las damas”. Todavía se seguían fabricando en Italia y en los países balcánicos en Europa hasta hace pocos años con la técnica que describimos ahora, pero en los Andes se siguen produciendo en varias zonas, principalmente de Cañari, Ecuador, en la Argentina central y en Perú, en Ayacucho y Cusco, en cuya comunidad de Kuyo Grande, cercana a Pisac, se trabaja todavía así.

La primera operación que se hace con las tripas en cuanto se han separado de la res, es lavarlas muy bien, comprimiéndolas para despojarlas de toda suciedad, echándolas en un caldero para dejarlas macerar. Después de bien maceradas, cuando el olor ya es fuerte, se trasladan a otro caldero, donde se tienen bastante tiempo y de donde se van sacando para descarnarlas con una uña de hojalata que se acopla al dedo índice, como si fuera un dedal.

Para el descarnado se emplea primero una lejía “simple”, compuesta de 1 Kg de cenizas graveladas (carbonato de potasa obtenido de las heces del vino o del aguardiente de caña) disueltas en una cantidad de agua proporcionada, que será repartida en baños escalonados de fuerza creciente según la temperatura y la estación. En invierno se hará en tres días y dos días en verano. A continuación pasan las tripas a una lejía “doble” compuesta de la misma cantidad de agua y 2 Kg de cenizas, donde las tienen en remojo de diez a veinte horas, o más si la estación lo requiere.

Cuando las tripas han soltado toda la grasa, se ponen a aclarar en una vasija de barro con agua que las cubra, y las fibras que se les hayan quitado se colocan en otra vasija; después de bien limpias, se cosen las tripas unas a otras según la longitud que se quiera dar a las cuerdas, y dispuestas de este modo se procede al hilado, que se hace en la misma forma que se tuercen las cuerdas del cáñamo. Ya hiladas se estiran al aire en una suerte de rastrillo guarnecido de clavijas, una carda similar a la usada para trefilar el hilo. Al cabo de algunos días se adelgazan restregándolas con fuerza con una cuerda de cerdas embebida en jabón negro, hasta conseguir la sección buscada.

Una vez obtenidas cuerdas de la sección deseada, hay que blanquearlas. Para ello, primeramente quitan con jabón todas las impurezas, en particular los componentes grasos. El jabón debe separarse bien a fondo por un buen anjuagado con agua blanda. Después lo blanquean bien en un baño de agua oxigenada a 34º, se lavan finalmente con agua blanda y se secan al aire, o bien se imita el blanqueo sobre césped, haciendo el agua oxigenada débilmente amoniacal, en un punto en el que el papel rojo de tornasol empezaría a ponerse azul, suspendiendo después las cuerdas de tripa impregnadas en ese baño y luego estrujándolas, para que se sequen lentamente en una corriente de aire. En caso de necesidad, el segundo método se repite una o dos veces. Las cuerdas se enrollan en bobinas y son llevadas a los mercados.

El cálculo de la progresión de diámetros es calculado por los fabricantes de cuerdas andinos de modo empírico, sin preocuparse por la igualdad o uniformidad del sonido, porque ese es un concepto académico. Las cuerdas no son estables, ni tan siquiera dan un sonido puro, pero ese es su valor Los instrumentistas, desplazando los trastes o los dedos, corrigen las imperfecciones de las cuerdas y por tanto, la afinación relativa de cada una. Para las arpas, estas medidas son aproximadas, porque buscan el color y no la igualdad acartonada de los músicos ‘barroqueros’ (baroqueux) en Europa. En los tambores y otro tipo de instrumentos de percusión, tal cálculo es, simplemente, inexistente.

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